Llevo un tiempo sin pasar por casa y, como siempre, cuando uno está fuera y regresa, encuentra cambios.
El tiempo o el espacio, ambos surten efectos en nosotros y en las cosas que nos rodean. El transcurso del tiempo lo contemplamos todos porque puede ser que sus cambios los tengamos más asimilados, todos hemos observado el crecimiento de algún niño o hemos visto como nuestros padres han ido cambiando con el paso de los años y quizás ya preveamos dichos cambios. El espacio, sin embargo, posee cierta indulgencia de nuestra parte pero éste desarrolla fuerzas que se creen reservadas únicamente al tiempo.
El espacio determina transformaciones interiores muy semejantes a las que provoca el tiempo, pero de manera alguna las supera.
Igual que éste, crea el olvido pero lo hace desprendiendo a la persona humana de sus contingencias para transportarla a un estado de libertad inicial; incluso del pedante y el burgués hace, de un sólo golpe, una especie de vagabundo. El tiempo, según se dice, es el Leteo. Pero el aire de las lejanías es un brebaje semejante, y si su efecto es menos radical, es en cambio mucho más rápido.
Thomas Mann
Supongo que todo el que haya hecho un viaje largo y haya tenido que dejar atrás muchas de sus pertenencias sabe a qué se refería Thomas Mann.
