Cuando tenía 12 años me parecía rarísimo ver como uno de mis amigos vestía la equipación de la Real Sociedad cuando todos los demás buscábamos amparo en los colores de los “equipos grandes” como el Real Madrid o el Barcelona.
Más tarde, con 15 años viajé a San Sebastian y, después de conocer aquella maravillosa ciudad y a su gente, volví a Lanzarote enamorado de aquella tierra. En ese momento yo también sentí un especial cariño hacia la Real.
Hoy me alegra conocer el caso de Alfonso Gil que, como mi amigo, ha adorado a este magnífico equipo sin titubear ni dejar que la distancia aminore su afición. Me alegra que desde este pequeño punto geográfico se exporte un espíritu donostiarra capaz de animar a toda una afición.
Enhorabuena Alfonso Gil.

Martes, 15 junio 2010 a las 19:58
Si es que ya lo dice el chiste: los vascos nacen donde les da la gana